Marcelo Reglero Pérez

 MARCELO REGLERO PÉREZ

El Porvenir Castellano, 1912-1934




El Porvenir Castellano fue fundado el 1 de julio de 1912. 

Administrador: Marcelo Reglero Pérez, de Vega de Valdetronco (Valladolid).

Director: José María Palacio.


Primera etapa: 1912-1918

El 30 de mayo de 1918, Juan Aragón y Martínez deja la propiedad y José María Palacio cesa como Director


Segunda etapa: 1918-1921

 

Tercera etapa: 27 de junio de 1921 - 22 de agosto de 1921

Director: José María Palacio 


Cuarta etapa. El 27 de agosto de 1921. 

Director: Marcelo Reglero Pérez


1932: XX Aniversario


La vida de “El Porvenir Castellano”

Por José María Palacio

Soria, 13 de octubre de 1932

(Publicamos con mucho gusto el siguiente artículo, recibido en esta redacción con retraso y escrito para nuestro número extraordinario.)

Hace ya veinte años que, un buen día, el actual director de EL PORVENIR CASTELLANO, Marcelo Reglero logró convencerme para que, unidos hiciéramos a la vida esta publicación que tiene una tradición honrosa y una historia limpia, dentro del noble acervo y de la sección edificante de toda prensa soriana. Puedo proclamarlo ahora, sin merecer todas las cosas de esa tierra, me hallo a distancia de ella y libre de atadijos que pudieran poner sordina a mi pensamiento.

La historia es sencilla. Cuatro hermanos fuertes por su capacidad y su constancia en el trabajo y por su disciplina afectiva, ponían para la publicación de EL PORVENIR una imprenta comprada con sacrificios. Yo me encargaba de dirigir y redactar el periódico. He de proclamar la inteligente colaboración que en la grata tarea me prestaron, con el desinterés que todos habíamos puesto en ella, Virgilio Soria, poeta delicado y culto periodista bien probado, y el inteligente oficial del Cuerpo de Estadística, buen versificador, humorista y prosista fluido Anselmo Sanz.

EL PORVENIR CASTELLA fue tirado, durante sus primeros meses, en una minervita. Como el formato era de ocho páginas del tamaño que consentía la minerva, cada tirada costaba ocho tiempos. Y era de ver cómo sudaba “la gota gorda”, en la ejecución de aquel “tiraje”, formidable por el esfuerzo que representaba, el buen amigo Eladio! Pero nunca se oyó entre nosotros la palabra cansancio. Habíamos puesto en el empeño un entusiasmo inextinguible, una fe recia y una voluntad decidida. Con esos elementos y el trabajo manual y el intelectual a nuestra disposición, es decir, sin el apremio de pedir a nadie nada para la confección del periódico, quedó definitivamente afirmada su vida. Y aquí está, en pleno desarrollo juvenil, erguido y con decisión incuestionable para continuar su vida a los veinte años de existencia. Esos veinte años, contienen decepciones, pocos anhelos logrados –porque las contribuciones espirituales son siempre lentas y carcas-, satisfacciones y amarguras y ninguna claudicación. ¡Ese es el triunfo definitivo de toda hoja impresa, que corresponde íntegramente a EL PORVENIR!


Aquel primer periodo es sin duda uno de los más interesantes. Por sus páginas hay originales, con cualidad inédito para este periódico, de “Azorín”, Valle Inclán, Unamuno, Pío Baroja y otros escritores insignes. El preciado regalo de su alto intelecto lo había proporcionado el valimiento y la generosidad de ese poeta egregio y gran amigo de Soria, Antonio Machado. La ciudad otorga en estos días uno de los homenajes más merecidos que esa tierra noble ha podido contraer con sus más cualificados benefactores. La pluma misma de Antonio Machado dejó en estas páginas frutos selectos de su preclaro talento.

Primera de EL PORVENIR significa un caso de apostolado –lo digo con exclusión de mí mismo, en la vida y formación de un periódico.

EL PORVENIR nació completamente libre de todo compromiso político. En sus páginas vibraba siempre un hálito fuerte de honor y defensa de las libertades ciudadanas. Nuestro liberalismo no podía caber en los estrechos moldes de una política partidista.

Mi amistad con Juan Aragón, hombre bueno y soriano de corazón, sirvió para concertar una ayuda económica con el fin de “agrandar” el tamaño del periódico. Yo continué dirigiéndolo con la misma libertad que hasta entonces. Nunca he procedido, en mi actividad periodística ya antigua, con más desembarazo. Hablo de esto aquí, y ahora, porque siempre es tiempo de calmar las impaciencias de los recelosos o de los pobres de espíritu. Aquella cooperación era tan leal y tan desinteresada que, en cuanto yo me separé, con pena y por mi voluntad de la dirección del periódico, para entregarlo plenamente a los hermanos Reglero, Juan Aragón no ha tenido, como no tuvo antes, la menor intervención directa.

Yo no soy un periodista panfletario ni de temperamento combativo. Sin embargo, en este PORVENIR he escrito las cosas más fuertes de mi vida, sin ánimo de ofender ni injuriar a nadie. Pude poner pasión y equivocarme en mis juicios, pero siempre estaban garantidos por el respeto que he querido guardar a todos. El tono polémico con mis compañeros tuvo en alguna ocasión excesos de expresión. Los dictaba un pensamiento leal consigo mismo, desprovisto de todo rencor, que yo no he sentido nunca para nadie. Cuando ciertas virulencias de lenguaje recreaban a la galería con un mal entendido amor propio por nuestra parte, para hacernos eco de pequeñeces locales –que es preciso desterrar de toda colectividad que aspire a hechos de importancia- no había dentro de aquellas virulencias un átomo de mala pasión. Que lo diga, sino, mi íntimo y muy querido amigo Felipe las Heras, hombre que tuvo siempre la preocupación resuelta de hacer el bien a Soria cuyos méritos de amor al trabajo y de inteligencia me complazco en reconocer en todas las ocasiones.

La movediza política derivó las cosas de manera que Juan de Aragón presentó su candidatura a diputados a Cortes por el distrito de la capital. Y la defendí con cariño y con razones. Siendo un modesto funcionario adscrito al Distrito Forestal, y periodistas por esencia y potencia, puede hacer una campaña política señalando los errores de ese orden en que había incurrido el Sr. Vizconde de Eza, y guardando a mi antiguo amigo el respeto merecido a su persona.

Otras circunstancias políticas, ninguna de ellas apetecida ni buscadas por mí, que soy hombre desprovisto en absoluto de ambiciones de este linaje, me llevaron a combatir a los gobernadores Sres. Lueje y García Plaza. Yo pude hacer entonces todas esas campañas con plena libertad de juicio formal y de crítica serena, sin que nadie intentase la menor represalia. Lo recuerdo para hacer la debida justicia a aquellos hechos.

Por encima de todas las luchas más o menos de campanario, EL PORVERNIR CASTELLANO al igual que sus colegas locales tenía una consigna inmutable: defender y propugnar la vida progresiva de la ciudad y de su provincia.

Tengo la convicción de que este punto fundamental de una orientación necesaria subsiste en sus páginas con el fervor y el vigor de siempre.

Escribo estas cuartillas en circunstancias demasiado apremiantes. Tal vez cuando pueda disponer de un margen mayor en el tiempo y en el espacio, me decida a hacer un capítulo interesante de la vida soriana, en un periodo por cuyo desenvolvimiento me correspondió ser actor y mejor un observador desapasionado.

En este periódico, y con esas tierras, he dejado lo más intenso de mi vida y trozos de ella arrancados del corazón ¡Cómo olvidarlos y cómo no quererlos siempre!

Con el trabajo de mi pluma llevé el nombre de Soria, para enaltecerlo y defenderlo de los errores de los ignorantes, a muchos sitios. No hico otra cosa que cumplir con un deber.

Ni la distancia ni el tiempo pueden aminorar en mis afectos hondos y bien sentidos.

A los 10 años de una lejanía relativa, vuelvo al recuerdo de hechos y de cosas que se hallan impregnadas de espíritu en estas páginas del PORVENIR.

El periódico seguirá, si le acompañan entusiasmos que no han de faltarle, su trayectoria ascendente. Yo no soy un hombre de edad “escandalosa” todavía. Si me viese hoy el bueno de Juanito Brieva, prescindiendo de una baraja de “tute” que algunas veces tocaron mis manos pecadoras, me diría que me encontraba “lo mismo”.

Lo mismo pero con unos años más, amigo mío. Los hijos le muestran a uno las perspectivas pasadas. Pero no soy todavía más de lo que se dice un “hombre maduro”.

EL PORVENIR CASTELLANO no ha llegado a la madurez. ¡Veinte años es una cifra encantadora! ¡Ah, si pudiera uno volver a ella!

En plena juventud, y con el alarde que entraña este número extraordinario, ha de ir todavía muy lejos. Y en el largo camino a recorrer, con abrojos siempre, y con la alegría de vencerlos, se cumple aquel pensamiento de Antonio Machado: “La fundación de un periódico es mucho más interesante que la constitución de un comité político o la reunión de unos cuantos elementos sociales”. Un periódico es una institución de carácter permanente. Los hermanos Reglero continúan la trayectoria iniciada. Vendrán otros, nuestros hijos que seguirán el camino. La calidad del terreno recorrido no la da el vehículo en que marchamos, sino la firmeza y la seguridad en nuestros pasos.

Valladolid, 1932

 

El 20 de octubre de 1932, Marcelo Reglero, Director.

El 18 de diciembre de 1933, Bienvenido Calvo Hernández es nombrado Director. 

21 de diciembre de 1933, artículo de Bienvenido Calvo.

26 de diciembre de 1933. 

Artículo de Bienvenido Calvo.

Plantilla: Juan de España. Baulio Ruiz. Juan Lagarma. David Ranz Lafuente. Marcelo Reglero. Enrique de Obregón.

1 de enero de 1934.

Artículo de Bienvenido Calvo. Poesía de Benito del Riego. David Ranz Lafuente


3 de enero de 1934

Redacción: Bienvenido Calvo, Marcelo Reglero, Baudilio Ruiz, Juan Lagarma, Santiago González, Enrique de Obregón, José Rodríguez, David Ranz, Pedro Chico, Federico Mendizabal.

Colaboradores: Zozaya, Machado, Manuel Tercero, Gerardo Manrique, José Tudela, Gerardo de Diego, Bernabé Herrero, Blas Taracena, José Mª Palacio, Ramiro de la Llana, A. Terrel, Benito del Riego y Serafín Cuenca.

Artículos: Bienvenido Calvo, José España, Ángel Terrel


5 de enero de 1934

Artículos de Bienvenido Calvo, Juan Lagarma, Ángel Terrel, Begoña P.

Último número del periódico: 30 de mayo de 1934.


                                                           Documentos

Colección particular




Máquina de escribir de la redacción de El Porvenir Castellano. Colección privada.


José Marcelo Reglero Sanz, 
nieto de Marcelo Reglero Pérez