DETALLES Y GUIÑOS
Jesús Bozal Alfaro (El Día de Soria)
En pocos minutos, Lucía Santamaría, soriana, funcionaria, escritora, cabeza activa, nos da unos cuantos titulares: “No se debe engañar al lector.” “Siempre busco un tema psicológico.” “No puedo con la mentira.” “Me meto en todos los sitios”... Se lo digo. Y sigue. Es casi mediodía. Hablamos con ella de su concepción de la escritura, de su visión del mundo. “Hay mucha gente que no sabe que escribo”, nos dice. Y, sin embargo, tiene ya tres novelas publicadas: La justicia de Cambises (2006), Mariposa de piel (2009) y El secreto de Le Mascaret (2012). Pero también es autora de una colección de cuentos en formato reducido: “Cuentos para mi madre y para mi tía Manolita.” En uno de ellos, el protagonista es su padre, que le enseñó “a pensar y a reflexionar.” Y a “servir de abono a la tierra”: a disfrutar escribiendo -“sufriendo”, diría Simone de Beauvoir-, tan necesario para ella. Escribir con rigor, sin dejar un cabo suelto; trabajando, siempre, con documentación real. Así es su musa paciente, que no la abandona nunca.
Nacida en Soria, en 1959, Lucía Santamaría es licenciada en Geografía e Historia, delineante y diplomada en magisterio. Pero es mucho más todavía: libre. Capaz de partir de un compromiso social, transformarlo en una relato al límite de lo real, para construir algo diferente. Porque su objetivo es crear, convertir los detalles, los rincones –muchos de los cuales ha plasmado en más de doscientas plumillas- en la guía personal de sus itinerarios vitales: del Espino ha elegido la escalera; de San Polo, el manzano; del Soto Playa, el antiguo puente de madera,... Lo dijo Machado: Soria es una ciudad “para poetas”. Como Lucía Santamaría.
Ella se identifica, nos dice, con los personajes de sus novelas, pero, no, no son ella. Vuelan por sí mismos, con luz propia, ocupando, sin estorbarse, el espacio que les corresponde. Ella les da vida, un papel que jugar, los siente, vive sus situaciones, por extraordinarias que sean. Terminada la obra, el lector es llamado a encontrar el objetivo, siguiendo las pistas, siempre verdaderas, que ella ha ido colocando a modo de viaje literario, al que no falta ni un detalle, ni los guiños secretos.
Anónima, romántica, hija de aragonesa (Calatayud) y soriano, Lucía Santamaría no ha dejado de tener proyectos en toda su vida. Los literarios los culmina siempre -me mira, como si percibiera en mí una duda- con su publicación. Es el punto y final necesario: el comienzo del siguiente. O de los siguientes, como ahora: una novela de investigación, sin título decidido; un largometraje; un corto; la continuación de sus cuentos,... Lo importante, concluye, es el presente, aunque también cuente el futuro. Para no dejar nunca de escribir en el silencio de la noche. Su gran momento. “La noche tiene muchos rincones que acogen y mecen los sueños”, escribe en su cuento “Esencia de pueblo.” (2011)
La vocación literaria, y personal, de Lucía Santamaría tiene una relación directa con la enseñanza, disfrutando y compartiendo todas sus fuentes de inspiración: el arte, el detalle, la anécdota, la vida.
Mujer inquieta, superactiva, conjuga sus sentimientos con sus acciones, su sonrisa con su coraje. Y con todas esas cualidades se atrevió a lanzar un proyecto, relacionado con su novela, El secreto de Le Mascaret. Un fenómeno de la naturaleza con el que ha movilizado a muchos colectivos escolares, consiguiendo convencer a las gentes de Saint-Pardon de Vayres (Gironde), población francesa en donde se produce este fenómeno: la ola del mar del Atlántico que se adentra por el río Garonne casi 200 kilómetros. En la solapa de su novela traducida al francés este mismo año, sus autores, Marie-Christine y Lucien Orio, han escrito: “Lucía Santamaría Nájara nos ofrece un ir y venir desde el siglo XIV a nuestros días, mezclando a la vez la intriga policiaca, la información histórica y el universo fantástico.” Todo un proyecto de vida.
Lucía Santamaría Nájara (Soria, 1959) es licenciada en Geografía e Historia y diplomada en Magisterio (especialidad francés e inglés).
La justicia de Cambises, finalista del Premio de Novela Juvenil Avelino Hernández, 2006.
Mariposa de piel, 2009
El secreto de Le Mascaret, 2012.
Cuentos para el hogar, 2013
Umbrías, 2016.
El camino del viento, 2018.
La casquería o los menudillos, 2025.
Le Mascaret es un fenómeno natural
que se produce en el estuario de la Gironde (Francia), cuando la marea, más
poderosa que la corriente del río, se adentra hasta 200 kilómetros por el cauce
del Dordoña. El Mascaret es también el título de la tercera novela de la
soriana Lucía Santamaría Nájara. Un relato complejo y completo, lleno de
historias, datos perfectamente contrastados, misterios calculados,
descripciones emocionadas de personajes sin historia, cuya trama se sitúa en la
Francia del siglo XIV.
Todos los escritores tienen una
novela, una obra maestra, que les identifica. J. P. Sartre, “La Náusea”; García
Márquez, “Cien años de soledad”; Machado, “Campos de Castilla”; Faulkner, “El
ruido y el furor”; Gaya Nuño, Juan Antonio, “El Santero de San Saturio”,… Lucía
Santamaría todavía no tiene la suya, pero tiene ya tres publicadas. La primera,
“La justicia de Cambises” (2006), evoca la España franquista: autoritarismo,
sumisión y personajes que sobreviven a un ambiente mediocre y oscuro, desbordado
por el miedo. Fue finalista del Premio Avelino Hernández. La segunda, “Mariposa
de piel” (2009), acerca al lector al mundo de las sectas. Desde el proceso de
captación y adoctrinamiento, pasando por la destrucción de la personalidad, lucha
por la recuperación y definitiva liberación.
En “El secreto de Le Mascaret” (2012),
la tercera, y última, la escritora soriana pone en paralelo la sed de justicia
del personaje principal y el fenómeno de Le Mascaret, cuya fuerza liberadora confunde
realidad y sueño permanentemente.
En las tres, Lucía Santamaría aborda
temas casi límites, inmersos todos ellos en un contexto amable y justiciero a
partes iguales. Tres novelas, si se quiere, realistas, con trama de novela de
aventuras, en la que el lector, animado por el vértigo de lo que va leyendo, intenta
comprender, participando con entusiasmo en un juego narrativo que acaba
atrapándole.
Al final de cada una, la autora no se
olvida de nadie. Lo que indica que sus novelas tienen varias escrituras y mucha
compañía. Pero una sola escritora, que, concienzuda y paciente, encuentra en la
literatura la patria en la que trascender contando al lector lo que sus ojos y
su memoria han ido viendo y comprendiendo.
El Mascaret es, por añadidura, un concurso
educativo en el que alumnos de cualquier materia, basándose en la novela,
pueden trabajar temas de su asignatura. Una experiencia pedagógica innovadora que,
surgida en Soria, abarca ciudades tan literarias como León, Valladolid,
Zaragoza, Barcelona,… El concurso terminará en Vayres, el pueblo francés más importante
del Mascaret. Su consistorio no ha dudado ni un momento, no solo en acoger
públicamente a Lucía Santamaría y patrocinar su idea, sino que, a la vista de
la importancia de su novela, tiene a su concejala de cultura corrigiendo la
traducción que su marido está realizando con fidelidad y entusiasmo.
A la espera de su nueva novela, la traducción y publicación correspondiente de la novela, vendrán a demostrar, una vez más, que, como decía el poeta soriano, Antonio Machado, “se hace camino al andar.”
La casquería o los menudillos
Jesús Bozal Alfaro
Cada día tiene su afán y,
aunque el sol sale siempre por el oeste, puede alumbrar con gran fuerza,
nublarse o reaparecer poco después, a lo largo de todo el día. Esa pluralidad de
situaciones es lo que Lucía Santamaría describe, a modo de metáforas vivientes,
en su último libro, La casquería o los menudillos, editado en 2025 por
la editorial Huerga/Fierro.
En el prólogo, la autora
nos explica que su proyecto es una selección de colaboraciones en distintos
medios. Las agrupa en siete grandes capítulos: Incomprensión, Covid,
Espabilados, Autenticidad, Amistad, Médicos y Otros para pensar. Los títulos expresan
una variedad de tonos y de temas, pero lo importante resulta el contenido,
incluido los titulares, por la intención, los argumentos que los explicitan, y
quizás también por el momento puntual de su creación y publicación.
Son 73 microrrelatos,
unos más largos que otros, en los cuales, como confiesa su autora, cabe todo:
humor, crítica, absurdo, desconcierto,… El humor es consustancial con su manera
de escribir, pensamos. Un humor en el que predomina la ironía, como en los
titulados Locura, Supervivencia, o Supersticiosa escabrosa.
Eso sí, un humor siempre repensado, serio y consecuente. El capítulo titulado Espabilados
hace un repaso intenso de todos esos perfiles de personajes, hombres y mujeres,
que, un tanto grotescos, parecen fácilmente desarmados por la escritora. La
relectura de cada uno proyecta imágenes verdaderamente delirantes.
No se ha dejado en el
tintero Lucía Santamaría esos otros microrrelatos en los cuales, en pocas
líneas, a modo de imágenes enormes, describen en una frase el horror, el dolor
y todos esos sentimientos humanos e inmateriales que se expresan ante
situaciones de catástrofe, derrota y miedo. Los agrupa bajo el título de Deshumanización.
Y tienen por marco las pateras, las guerras, los angelitos. Y un broche final, Lucidez,
que pone nombre a la tragedia migratoria, MEDITERRANEO, y otorga a su autor
el diploma de lúcido.
Lucía Santamaría analiza
en este libro otras situaciones de su discurrir diario por el mundo, que tienen
mucho de estudio de la anatomía humana con la que ella, y todos los demás, compartimos
la vida. Su sentido del humor no es nunca instrumental ni decorativo, destilando
eso sí una mordacidad educada, discreta y directa, si se me permite. Aporta
o aparta, por ejemplo, Suicidio, Covid, Amor eterno, Redentora
o Con los dedos de una mano.
Los otros microrrelatos
para pensar, último capítulo, nos acerca a su sensibilidad de mujer, en su
homenaje a la memoria y a su relación con las nuevas tendencias, las
contradicciones y la etapa final de la vida.
Muy bien escrito, con el talento
y talante de toda su obra, con gracia y sosiego, todos estos microrrelatos son
dignos de ser leídos con atención, releídos una y otra vez para comprenderlos,
pero, sobre todo, para sentirlos. Un canto al día a día de la mano de una escritora
amable y transparente.




