COLLIOURE


WEB DE LA FUNDACIÓN FAM DE COLLIOURE:

FONDATION ANTONIO MACHADO DE COLLIOURE


Breve historia de la Fondation Antonio Machado de Collioure (1977-2013)

Jacques Issorel

Colliure, febrero 2026

La historia de la Fondation Antonio Machado de Collioure empieza el domingo 20 de febrero de 1977. Antes de hablar de esa fecha fundacional, os propongo que nos remontemos unos cuarenta años atrás hasta el 22 de febrero de 1939, cuando el poeta Antonio Machado muere, exiliado, en Colliure.

Los amigos que le han acompañado durante su estancia de 26 días en el hotel Bougnol-Quintana conservan en el corazón el recuerdo del poeta. Son Pauline Quintana, Juliette y Sébastien Figuères, Jacques Baills y algunos otros. Estamos en vísperas de la Segunda Guerra mundial, que estalla el 1 de septiembre de aquel mismo año 1939. En noviembre de 1942, las tropas alemanas invaden la llamada «Zone Libre», es decir, el sur de Francia. La presencia de soldados y policías alemanes hace imposible cualquier manifestación en Colliure, en torno al poeta republicano Antonio Machado. Por eso, habrá que esperar el año 1945, fin de la guerra, para asistir a la creación del «Comité Antonio Machado», presidido por el entonces alcalde de Perpiñán, Félix Mercader. El tesorero de dicho Comité es Jacques Baills, el secretario: Paul Jean Combeau, y forman parte de él Manolo Valiente, el arquitecto Cyprien Lloansi y Henri Frère.

El Comité organiza, el 24 de febrero de 1945, en el Teatro Municipal de Perpiñán un homenaje a Antonio Machado en el que participan Corpus Barga, Tristan Tzara y Jean Cassou. Poco tiempo después, el Comité cambia su nombre por el de «Los Amigos de Antonio Machado». Fue esa asociación la que promovió la construcción de una tumba digna para el poeta y Ana Ruiz, su madre. Los fondos reunidos gracias al artículo de Josep María Corredor, «Un grand poète attend son tombeau», publicado en Le Figaro Littéraire del 12 de octubre de 1957, permitieron que se construyera la tumba que todos conocemos en el cementerio de Colliure. A esta tumba fueron transferidos los ataúdes del poeta y su madre, el 16 de julio de 1958. Habiéndose extinguido la asociación «Los Amigos de Antonio Machado» durante la década de los años 60, transcurrieron casi veinte años antes de que una joven estudiante de español, de la universidad de Pau, Monique Alonso, hija de Salvador Alonso, exiliado republicano recluso en los campos de Argelès y St-Cyprien, tomara la iniciativa de reunir en Colliure, el domingo 20 de febrero de 1977, a varios testigos de los últimos días del poeta, con el fin de cotejar los recuerdos de unos y otros. El padre de Monique y su profesor en la Facultad de Letras de Pau, Manuel Tuñón de Lara, la sostuvieron y alentaron desde el principio. La reunión se hizo en el hotel «Les Templiers». A la invitación de Monique respondieron Juliette Figuères y Jacques Baills y acudieron también Antonio Gardó, Manolo Valiente, Teresa Rebull y José Rivada, uno de los soldados que llevaron a hombros el ataúd del poeta el día del entierro. Aquel domingo de febrero, Monique propuso a los presentes que se prolongara el movimiento iniciado en el hotel «Les Templiers», creando una fundación que perpetuara en Colliure la memoria de Antonio Machado, en particular a través de la instauración de un premio literario Antonio Machado.

La etapa siguiente fue aquel mismo año 1977, el domingo 30 de octubre, la primera Asamblea general, celebrada en el cine de Colliure, bajo la presidencia del alcalde Jean Pascot y del Dr Billard, concejal. Dirigieron los debates Monique Alonso, Antonio Gardó y Manolo Valiente. Se aprobó el proyecto de estatutos de la nueva Fundación y se eligió un Comité provisional, encargado de organizar la reunión del mes de febrero del año siguiente: 1978. Integraron el Comité provisional el Dr Billard, presidente, Monique Alonso, secretaria, y Manolo Valiente, tesorero. También formaron parte de él Antonio Gardó y Jacques Baills. La nueva fundación tomó el nombre de «Fondation du Prix de Littérature Antonio Machado». El reglamento del Premio estipulaba que recompensaría «una obra escrita en español, en una lengua hispánica o en francés», pero muy pronto resultó evidente que sería imposible constituir un jurado cuyos miembros dominaran el castellano, el catalán, el vascuence, el gallego y el francés. Se decidió entonces que solo podrían concurrir las obras escritas en castellano o en francés. El Premio se otorgó por primera vez el domingo 18 de febrero de 1979 y recompensó la tesis defendida, poco tiempo antes, en la Sorbona por su autor: Bernard Sesé. Se titulaba: Antonio Machado, l’homme, le poète, le penseur y la publicó al año siguiente, traducida al español, la editorial Gredos: Antonio Machado, el hombre, el poeta, el pensador. El premio se entregó en el mismo comedor del hotel Bougnol-Quintana, reabierto para tan sonada ocasión. Desde entonces los laureados del Premio han sido treinta, e incluso treinta y uno, ya que en 1997 hubo empate y el Premio recayó en la poetisa francesa Geneviève Reuss y el poeta español Carlos Murciano. Tres veces, en 1985, 2013 y 2016, el Premio quedó desierto, lo cual testimonia la exigencia de los jurados que se han sucedido a lo largo de casi medio siglo.

En febrero de 2005, la Asamblea general de la Fundación decidió que, a partir de 2007, los candidatos al Premio podrían presentar obras escritas no solo en español o en francés, sino también en catalán. Desde 1978, y durante la década de los años 80, el trío fundador: Monique Alonso, Manolo Valiente y Antonio Gardó organizó cada año la conmemoración machadiana con la entrega del Premio o la celebración de un coloquio sobre la obra de Machado. La muerte de Manolo Valiente en 1991 marcó el final de la primera época de la Fundación Antonio Machado, puesto que Monique Alonso, que ya era profesora en Barcelona, se retiró en 1988, y Antonio Gardó, que cumplió 80 años en 1989 y vivía en París, no podía dedicar más tiempo a la Fundación. Valiente cuyo estado de salud era cada vez más preocupante tuvo la prudencia de asociar a Miguel Martínez a la gestión de la secretaría, de forma que, cuando Manolo dejó este mundo, Miguel, profesor de español jubilado, asumió la responsabilidad de secretario.

Miguel Martínez se entregó con pasión y abnegación a la tarea de mantener viva la llama de la Fundación, entre otras publicando cada año un boletín informativo sobre la marcha de dicha Fundación y las relaciones que se iban creando con varias entidades españolas o hispanoamericanas. La Fundación vivió un gran momento en febrero de 2005 cuando dos sobrinas de Antonio Machado honraron con su presencia el día conmemorativo: Eulalia, hija mayor de José Machado y Matea Monedero, y Leonor, hija menor de Francisco Machado. Ambas vinieron, acompañadas por Monique Alonso, con miembros de sus familias. 2010 fue también una fecha muy importante para la Fondation Antonio Machado, ya que aquel año Verónica Sierra Blas, catedrática de historia de la Universidad de Alcalá de Henares, y varias jóvenes colaboradoras, empezaron la clasificación y catalogación de los mensajes y objetos depositados en la tumba del poeta y conservados por la Fondation.

Cuando Miguel Martínez se retiró en 2013, se acabó la segunda época de nuestra Fundación Antonio Machado. Desde que fueron aprobados por la Prefectura de los Pirineos Orientales en 1978, los estatutos de la Fundación precisaban que el presidente era el alcalde de Colliure en ejercicio. En 1998, el alcalde Michel Moly, fue elegido «Conseiller général». Para evitar un posible conflicto de intereses, cedió la presidencia a Guy Llobet, que era entonces secretario general del Ayuntamiento de Colliure. Guy Llobet asumió la presidencia hasta 2013, año en que pasó el testigo a un nuevo y joven equipo, capitaneado por nuestra actual presidenta, Joëlle Santa-García, a quien en breve dejaré la palabra, porque no quisiera terminar este demasiado rápido recorrido memorial sin que resonaran los nombres de varias personas fieles, que, a lo largo de los años, con su presencia o mediante telegramas de adhesión, acudieron a la cita que cada mes de febrero nos da el poeta en Colliure : Antonina Rodrigo, Marie Laffranque, Guillermo Pizarro, Mercedes Pradal « Kalinka », Georges Colomer, Adelita del Campo y su marido Julián Antonio Ramírez, Vida Manso González, Manuel Núñez Encabo, Paul José Combeau, Jesús Bozal, Alfonso Guerra, Pedro Soler, Juan Francisco Ortiz, Marie García, Queti Otero, Jacky Rodor, y Serge Barba, autor del admirable libro bilingüe : Colliure… Los días azules de Antonio Machado. Y ahora, de verdad, le dejo la palabra a Joëlle Santa-García.


ANTE LA TUMBA DE MACHADO

Mariano Granados Aguirre

Mariano Granados Aguirre, camino del exilio, fue el único soriano que asistió al entierro de Machado, habiendo sido además alumno suyo en el Instituto de Soria, amigo posteriormente y gran admirador literario. Estos versos dejan constancia de ello y de su permanente amor a Soria, a la que no pudo volver hasta el año 1969.

Adiós, maestro, adiós. Adiós te digo.
Mi corazón es y será tu templo.
Fuiste maestro, fraternal amigo,
y sobre todo luminoso ejemplo.

Aquí te dejo, Antonio, en tierra extraña,
lejos de tu venero de armonía,
fuera de nuestra Soria, nuestra España,
bajo tierra que no es tuya ni mía.

Ni la vieja Ciudad, ni los caminos
aromados de espliegos y romero,
volverán a anudar nuestros destinos
que tu mano anudó en el alto Duero.

Niño aún, casi, casi adolescente,
me tendiste tu mano, y a ella asido,
tu dolorosa senda he proseguido,
y fue mi luz, la luz de tu alta frente.

Hace treinta y dos años, mi memoria
que es fiel, guarda aquel primer tributo
que te rendí en Soria, nuestra Soria,
dentro del aula dos de su Instituto.

En pos de ti, y de tu sombra en pos,
llego a verte emprender tu último viaje
cual quisiste, ligero de equipaje,
pero no solo. Yo te acompaño. Adiós.


80 Aniversario de la muerte de Antonio Machado

1939-2019

El Presidente del Gobierno de España, D. Pedro Sánchez, rinde homenaje al exilio en Collioure

D. Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España, deposita junto a Joêlle Santa-García y el alcalde de Collioure, Señor Maynard, Ex-alcalde, Señor Molly y diversas autoridades españolas y francesas, una corona de flores ante la tumba de Antonio Machado en el cementerio de Collioure. 24 de febrero de 2019


Manuel Álvarez Machado, hijo de Leonor Machado, sobrina de Antonio Machado, y Presidente de Honor de la Fundación Española Antonio Machado, a la izquierda, junto al alcalde de Collioure, Señor Maynard, Joëlle Santa-García, Presidenta de la FAM de Collioure y el Presidente del Gobierno de España, Señor Sánchez. 
___________

2007: Viaje organizado por la EOI de Soria


77 Aniversario (1939-2016)


COLLIOURE

"Yo voy soñando caminos..."


"A un olmo seco", Serrat.

"Proverbios y cantares", Paco Ibáñez. Olympia Paris. 

Tus ojos me recuerdan, Paco Ibáñez

Con Leonor Machado y Monique Alonso en Collioure

Collioure es un pequeño municipio francés, recogido junto al mediterráneo catalán, a tan sólo unos pasos, como escribiría el poeta, de los colosos milenarios de rocosa y alba testa, con castillo (Royal), puerto, iglesia (Notre Dame des Anges), ermita (Notre Dame de Consolation), un molino del siglo XIV, el Fort Saint Elme, calles estrechas, apiñadas en cuesta y bordeadas por casas de todos los colores, como los de las pequeñas embarcaciones que utiliza todavía para salir al mar la última generación de sus pescadores. No tiene ni siquiera 3000 habitantes, pero su presupuesto, en palabras de su ex alcalde, Michel Moly, supera el de una ciudad de 30.000. El turismo, sobre todo en verano, el comercio del vino, elaborado con esmero desde las mismas plantaciones que ocupan las laderas de sus colinas circundantes, la pesca, los servicios, etc., siguen convirtiendo a esta pequeña villa costera en un rincón privilegiado del Roussillon francés.

Casa Quintana, donde murió Antonio Machado

Leyenda del fauvisme, gracias a Henri Matisse, Collioure (“el cielo más azul de Francia”, diría el pintor), que pervive como escenario para el encuentro de artistas de todos los campos, amantes del color, la luz, el contacto visual y sentimental con el mar, posee además, silenciosa, la piedra bajo la cual duerme, a decir de todos, el poeta español, Antonio Machado. Ese sevillano que, entre 1907 y 1912, implantara en Soria el sistema pedagógico de la Institución Libre de Enseñanza: el diálogo socrático con los alumnos sorianos.

Tan sencilla como su vida, la tumba del poeta es visitada, día tras día, por cientos de mujeres y de hombres, jóvenes y viejos, venidos del mundo entero, con sus lenguas y sus culturas, para efectuar un alto emocionado y respetuoso ante el símbolo permanente de uno de los intelectuales más brillantes y comprometidos de la España del siglo XX, y que tuvo siempre a Soria como su “patria ideal.”


Poema al pie de la tumba de Machado y su madre.

Collioure, Francia, están, desde el 20 de febrero de 1994, hermanadas con Soria, España. Y de ese abrazo histórico sigue surgiendo “el himno profundo de los hombres de Francia o de España”, como escribiría Louis Aragon. Collioure y Soria, Antonio Machado y Leonor Izquierdo, son otras tantas Compostelas europeas para los cientos de amantes de la cultura, cuyos pueblos no se han avergonzado nunca de seguir considerando al poeta como a uno más de sus paisanos. 

Libro de Jacques Issorel


Último Viaje. Úntimo Verso de Antonio Machado
Jacques Issorel 

PRIX DES COLLÉGIENS ET DES LYCÉENS 
FAM COLLIOURE, 2019


PRIX DES COLLÉGIENS
Anna Teixidó y Flora Mevière, 
Collège Pompeu Fabra (Le Soler, France)



 Acto de entrega de Premios




PRIX D’ECRITURE DES LYCEENS DE LA FONDATION ANTONIO MACHADO DE
COLLIOURE


PREMIER PRIX  2O19


            GRACE LONDRES    LYCEE ARAGO   PERPIGNAN

Barcelone 21/01/1939

Tout commença avec la vue. Je me suis réveillé un jour et la fresque colorée sur mon mur me semblait avoir perdu l’éclat qu’elle avait eu la veille. Les émotions vives qu’exprimaient les différentes nuances s’étaient ternies jusqu’à n’être qu’un détail négligeable. Au début, j’y ai peu prêté attention; C’est juste mon imagination, m’étais-je dit. Mais ça ne l’était pas. Et ça n’a fait qu’empirer. Un mois plus tard, ma vue était devenue si floue que l’on pouvait officiellement me considérer aveugle. Je n’avais pas saisi l’importance de pouvoir voir jusqu’à ce que je ne puisse plus le faire.
C’était le début.

Les autres s’étaient si vite éteints que je ne l’ai réalisé que trop tard. C’est sans surprise que l’odorat et le goût m’avaient lâché en même temps. Je ne savourerai plus les épices dans les plats mexicains de ma mère, et ne sentirai plus l’air salé des matinées hivernales au bord de mer. Chaque bouchée sera ingérée par pure nécessité. Aucun jugement ne sera fait à propos des qualités et défauts de son goût. Je m’étais dit que j’allais juste devoir apprendre à vivre avec.

Ensuite, ça a été l’ouïe. Elle n’est pas partie d’un coup; ça a été progressif. Elle a pris un peu plus de temps que la vue, et ça n’a fait que prolonger la douleur: Je ne jouerai plus jamais au piano, ni n’écouterai la radio, le volume à fond. Plus de chansons ni de mélodies. Plus rien. Le monde continuait de tourner sans moi, mais je recevais peu de ses nouvelles. Démuni et désorienté, je ne pouvais plus rien faire par moi-même; la plupart du temps, je ne savais pas où je me trouvais, ni si quelqu’un d’autre était dans la pièce. Perdant le goût de la vie, j’avais souvent fait le choix de me réfugier dans mes propres pensées, ignorant le monde duquel j’étais si cruellement isolé. Mes proches restaient toujours à mes côtés. Incapables de communiquer avec moi par la parole, ils avaient patiemment traduit leurs mots en douces caresses, tendres baisés et fermes étreintes. Je leur étais reconnaissant de leurs efforts, mais je me sentais comme un fardeau qu’ils refusaient de lâcher. Cependant, ils ne m’ont jamais abandonné, même lors de mes pires journées, lors desquelles je frappais, et criais, et pleurais pendant des heures. L’unique chose à laquelle je pouvais penser était à quel point je voulais que tout se termine. Je priais qu’une divinité miséricordieuse mette fin à mon tourment. Ma vie n’était plus que souffrance. Souffrance pour moi ; souffrance pour tout le monde autour de moi. Mais aucun dieu n’eut pitié de moi. Et alors que ces idées noires m’envahissaient, mon corps devenait ma prison et mon cerveau, mon geôlier.

C’est tragique combien les choses paraissent insignifiantes jusqu’à ce qu’on les perde.
Lorsque je perds finalement mon sens du toucher, c’est comme si mon dernier souffle m’échappe. Je ne sens plus le lit. Ni la main que je tenais quand je me suis endormi. Est-ce que je cris? Est-ce que je pleure ? Est-ce que je respire, au moins? Je ne sais pas, et je ne le saurai plus jamais…
Maintenant complètement seul, j’erre, tel un fantôme, dans le vide de ma conscience embrumée, avec pour seule compagnie les constantes horreurs que mon imagination me fournit.
Je n’ai aucune idée du temps qui passe; le temps perd sa signification quand on est incapable de témoigner de ses effets.
Alors, j’attends la fin.
J’attends encore…
Cauchemar, après cauchemar, après cauchemar, après...


Lectura de este texto en francés y en español (Madrid, 12 de junio de 2019)
por Emmanuel García Sana y César Ibáñez París